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Estracto en caricatura del libro ¿Quien se llevo mi queso?

de Spencer Johnson

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Bernie, el pájaro que tenía miedo de volar

Canalizado por Kryon para Niños
Canalización en Vivo, Dallas, Texas, 1998
http://www.kryon.com


De Lee Carroll

Desde hace algunos años muchos me preguntaban si era posible tener una canalización de Kryon para niños. Desde que todo el asunto de los Niños Índigo se publico por primera vez en un libro de Kryon (libro VI de Kryon, En Sociedad con Dios), parecía muy apropiado que Kryon pudiese y quisiese hacer tal cosa.
Por lo tanto, para aquellos que preguntaron, presentamos una de las dos canalizaciones de Kryon que fueron registradas y transcriptas cuando estuvimos con niños en un seminario en Texas hace algunos años. En este caso, el salón estaba lleno de niños cuyas edades variaban entre tres y doce años. ¡Además, había un par de criaturas y algunos padres y mayores que también quisieron venir! La presentación comienza con mi introducción y enseguida Kryon se dirige directamente a los niños. Fue publicada primero en The Sedona Journal of Emergence en 2001. Fue enterrada en un armario todos estos años y sólo recientemente fue descubierta y transcripta.

Lee hablando en vivo...

¡Hola, chicos! Bienvenidos, todos ustedes, niños. Veo que el más pequeño tiene unos dos meses de edad y el mayor tiene unos 74. No levante la mano si es el mayor, ¡yo sé quién es usted! (risas). Este es un acontecimiento inusual. Antes sólo hice esto una vez y me imagino que eventualmente se dará el caso de que esta corta canalización particular se publique algún día en un libro. ¡Pero si hacemos una de éstas por año, tomará décadas recopilar un libro! (risas)
Si ustedes están aquí y tienen entre 9 y 20 años, me disculpo porque tuvieron que venir a la canalización de los niños, porque todos nosotros sabemos que ustedes ya no son chicos, ¿no es cierto? (guiño, guiño). Pero esto en realidad es para todos nosotros, aunque los niños estén aquí sólo para esto. (Un niño de la audiencia grita. Lee hace una pausa y mira al niño.) ¡A veces me siento igual que tú! ¡Pero yo no puedo hacer eso! Los adultos no me dejarían.
Bien, esto es sólo para los chicos. Yo no sé si ustedes saben qué es una canalización, pero no es espeluznante ni raro, porque incluso ustedes lo hacen a veces, sólo que no lo admiten. ¡Yo sé que lo hacen! Es cuando hablan con sus ángeles y obtienen respuestas. Algunos de ustedes incluso ven a los ángeles, pero no les hablan a los adultos de eso. Esto es lo que va a pasar ahora: Yo soy Lee Carroll. Ese es mi nombre y voy a reunirlos con un ángel que se llama Kryon. Puede que no vean al ángel ni ningunas alas grandes o cosas por el estilo, pero voy a cerrar mis ojos y vamos a tener un mensaje especial para ustedes de un ángel especial. Probablemente escucharon antes el nombre de Kryon, porque por eso están todos estos adultos sentados aquí con ustedes. En realidad, ellos los trajeron a ustedes aquí. Pero este tiempo es para ustedes, así que pretendan que ellos no están en el salón. Esto tiene que ver con el ángel especial Kryon y el mensaje especial que es sólo para ustedes. Ustedes no tienen que cerrar sus ojos cuando yo lo haga. De hecho, ustedes no tienen que hacer nada, pero los invito a que sólo observen y escuchen. Cuando Kryon llegue, es posible que haya un cuento para ustedes... veamos qué sucede.
(Todos se aquietan.)

Saludos, queridos míos, y pequeñitos, ¡de verdad yo soy Kryon del Servicio Magnético!
No dejen que eso los confunda, porque en realidad yo soy un ángel y hay algo en mí que no es igual para ustedes que para los adultos presentes. Se debe a que yo nunca fui un ser humano, ¡nunca! Aunque sea difícil de explicar, esto quiere decir que tengo algunos de los sentimientos de un niño. Eso también significa que puedo entender lo que están pensando. ¡Eso me permite amarlos y ayudarlos mejor!
Antes de comenzar con nuestra historia, vamos a hablar a los que son un poco mayores que ustedes, a quienes también están en este salón y a los que están leyendo las palabras en una página que se imprimirá algún día. Tengan paciencia por un momento mientras les hablamos a ellos. Luego comenzaremos nuestra historia.
Para aquellos de ustedes, queridos míos, que ya no son más niños, pero que pueden acordarse de cuando lo eran hace algunos años, queremos recordarles algo: ¿Se acuerdan cuando eran pequeños y observaban a los adultos? Quizá veían algo en los adultos de lo que nunca hablaron porque era demasiado íntimo, pero yo sé lo que pensaban en aquel entonces. Ustedes miraban a los adultos y se decían a sí mismos: “¡Yo no quiero ser así porque los adultos perdieron su alegría! No se ríen. Ya no saben cómo jugar.“
Así que el mensaje para ustedes es éste: ¡No pierdan la alegría del niño, porque la alegría de los pequeños que se sientan aquí es preciosa! ¡Es el catalizador para la iluminación! La alegría puede ser retenida toda la vida. ¡Ustedes pueden jugar todavía! Es un tiempo precioso para ustedes, pero es el tiempo en que serán capaces de olvidar esa diversión también. Es su elección.
Hay un dicho que usan los adultos que es más o menos así: “Cuando era niño, hablaba y pensaba como niño, pero cuando crecí, deseché las niñerías.” Ahora les decimos, “¡No desechen las niñerías! Sostengan la alegría que siempre estará allí y es el secreto para encontrar al ángel invisible dentro de ustedes.”
Ahora vamos a los pequeñitos. Ahora les hablo como un ángel y tengo un mensaje que ni siquiera los mayores escucharon antes. ¿Ustedes sabían, chicos, que los ángeles nunca crecen? ¡Es la verdad! Siempre tienen la misma edad. Los mayores ven ángeles grandes y piensan que son ángeles que crecieron, pero no es así. Siempre son niños en cuerpos grandes. Siempre tienen la misma edad. Es una especie de secreto, pero creo que ustedes saben todo al respecto, ¿no es cierto? Tenemos algo más que decirles y es esto: Hay un ángel con ustedes todo el tiempo. ¿Lo sabían? Me podrán decir: “Yo nunca vi a mi ángel. ¿Qué quieres decir, Kryon?” Les diré.
Conozco un cuento sobre una criaturita que también tenía el mismo problema. Solía decir: “Nunca vi algo, así que ¿cómo sé que está ahí?” Es un cuento sobre cosas que no se ven que justamente son para ustedes. ¡Este ángel, Kryon, que les está hablando en este instante, también es un niño y sabe cómo contar estas historias con la ayuda de mi socio, Lee, quien tampoco creció! (risas)
Nos gustaría contarles la historia sobre Bernie, un pájaro que era el pájaro que tenía miedo de volar. Queremos contarles el cuento de cómo ocurrió, porque es una historia maravillosa, contada una y otra ven en la tierra de los pájaros. Todos los pájaros recuerdan a Bernie, el pájaro que tenía miedo de volar.

Bernie creció en un nido extremadamente alto. A lo mejor ustedes conocen cómo se les enseña a volar a los pájaros. Es algo espectacular, pero también da un poco de miedo, porque Mamá y Papá pájaros, cuando los hijitos pájaro están listos, ¡los empujan con suavidad fuera del nido cuando no miran! ¿Lo sabían? Los pájaros caen, naturalmente, pero pronto se dan cuenta de saben de alguna forma que tienen que extender las alas, comenzar a batirlas y que al hacerlo, de pronto el viento los elevará y ¡allá van hacia arriba! Es bastante difícil que se caigan luego de desplegar las alas para volar, pero Mamá y Papá pajaritos no les pueden enseñar a volar en el nido. ¡Piénsenlo! ¡No se vuela mucho en un nido pequeño!
Bueno, Bernie no quería tener nada que ver con este proceso. Bernie vio cuando empujaron a su hermana fuera del nido una mañana temprano, la vio caer y caer y caer y caer. En el último segundo posible, su hermana extendió las alas y la batió como loca. ¡Y finalmente voló! Pero a Bernie le pareció que casi se había estrellado en el suelo antes de saber qué hacer y a Bernie le dio miedo. ¡El no quería tener nada que ver con volar! Bernie dijo: “No hay motivo para que tenga que hacer esto de volar. Hay algo que está mal en todo el sistema.”
“Bernie convenció a su hermano Bobbie de que todo el asunto de volar era estúpido. Bobbie no quiso saber nada de entrenarse para volar tampoco, así que fue a ver a su mamá para decírselo. Bobbie le anunció que no quería volar porque tenía miedo y que en realidad no lo necesitaba, ya que el nido era genial y él se quería quedar allí. La Mamá lo miró un largo rato ¡y de golpe lo empujó fuera del nido! Bobbie cayó y cayó y justo al final desplegó las alas y las batió y las batió y subió.
Bernie vio todo esto. Era el más joven, porque había nacido por lo menos dos minutos después de todos los demás, y sabía que era el próximo. Pensó para sí: No me importa si mi hermana y hermano pasaron por esto. Nadie me va a empujar fuera de este nido porque yo no tengo por qué volar. ¡Esto no es para mí! Bernie tenía que idear un plan.
Una noche, mientras todos estaban durmiendo, Bernie encontró un cordel. Era algo que su Papá había traído al nido para que ayudase a sostenerlo. A veces, cuando se construye un nido, se combinan toda clase de cosas para hacer que sea más fuerte, y había un cordel enterrado dentro de los palitos y paja que formaban el nido. Bernie decidió atar una punta del cordel a su pata y la otra punta a la parte estable del nido para que si su mamá lo empujaba afuera cuando él no se lo esperaba, sólo cayese unas nueve pulgadas y se salvase de la caída. (Los niños se ríen.) ¡Era un buen plan!
El problema era que Bernie no había ido a ningún campamento de exploradores, ¡así que en realidad no sabía cómo hacer nudos de pájaro! Sin embargo, lo hizo lo mejor que pudo, hizo un nudo que pensó que funcionaría y lo escondió cuidadosamente manteniéndose siempre lejos de su mamá cuando ella estaba por ahí. Como había previsto, a la noche siguiente, cuando estaba dormido, ¡su mamá lo arrojó del nido!
¡Funcionó! Cayó y el cordel aguantó. Ahí estaba Bernie, colgando nueve pulgadas por debajo en el aire. Estaba oscuro y la Mamá, pensando que Bernie estaba abajo, batiendo las alas y aprendiendo a volar, se volvió a dormir. Bernie se quedó colgado ahí en silencio, pensando cuán inteligente había sido. Trepó por el cordel con el pico y se volvió a acostar en su lugar calentito. Estaba muy feliz de no haber tenido que caerse y volar como su hermana y hermano. Y se durmió.
A la mañana siguiente, cuando la mamá se despertó, vio a Bernie ahí en el nido, con cordel y todo, y le dijo: “¡Bernie! ¿Qué estás haciendo aquí?” Ella (con el pico) señaló el cordel que Bernie había olvidado retirar de su pata. Estaba muy preocupada. “¡Me parece que es hora de que Papi se haga cargo!”, exclamó. “Él va a hablar contigo sobre todo este asunto.”
Bernie pensó para sí: ¡Qué idiota fui! ¡Me olvidé de sacarme el cordel! Ahora Papi se va a entrometer. ¡Ufa!
Por cierto, el Papá volvió al nido justo a tiempo. Era un pájaro muy grande con un montón de plumas. Bernie le tenía un poco de miedo a su padre por ser tan grandote. Pero Papá era un padre amoroso y le preguntó a Bernie: “Bernie, ¿qué pasa? Todos los pájaros vuelan. Mira aquí alrededor. Todos están volando. Es una cosa de pájaros ¡y tienes que aprender! ¿Por qué no quieres volar? ¿Por qué?”
Bernie lo pensó un momento. “Tengo miedo, Papi.”
“¿Por qué tienes miedo?” , le preguntó el padre a Bernie. “Mira a tu hermana, a tu hermano, a mí, a tu mamá... todos nosotros volamos. Mira alrededor. Tus amigos vuelan... los pájaros vuelan, Bernie. Tú eres un pájaro.”
“Tengo miedo, Papi, ¡porque no hay nada allí! Dices que el aire nos va a sostener las alas. Es invisible. Y casi no funciona tampoco. ¿Viste a mi hermano y a mi hermana cuando se cayeron? ¡Casi no lo logran!”
El padre pensó por un momento. “Aunque no puedas ver el aire, Bernie, él se pondrá bajo tus alas. Todo lo que tienes que hacer es extender las alas todo el camino hacia abajo y el aire te sostendrá arriba. Así es como volamos todos. Es invisible, pero está ahí”.
“Eso es magia nada más”, dijo Bernie, “el aire no se puede ver. No me puedes decir que hay aire porque no lo puedes ver. No está ahí. Quizá la magia funcione para ti y mamá y mi hermano y mi hermana, pero yo tengo que verlo antes de creerlo. El aire es invisible. ¿Cómo sé que no me engañan? Yo no sé cómo vuelan ustedes, pero no hay aire porque yo no lo puedo ver.”
Bernie hizo una pausa y luego continuó: “Papi, ya lo resolví. Mira, ¿para qué tengo que volar? Me gustaría comenzar una nueva raza de pájaros llamada Pájaro Caminador. (Risas) “¿Por qué tengo que ser como los demás? Bajaré caminando por el árbol, encontraré un gusano y luego subiré caminando por el árbol. Tendré una linda vida. Encontraré una esposa Pájaro Caminador en alguna parte. Tendremos hijos Pájaro Caminador. Nacerá una nueva raza. Algún día mirarán hacia atrás y dirán: “Este fue el comienzo de la gran raza llamada Pájaro Caminador.”
El papá de Bernie lo miró por mucho tiempo y murmuró para sus adentros: “¿Pájaro Caminador?” Puso los ojos en blanco. “Bien Bernie, creo que es hora de que te vea Sigg”.
“¿Quién es Sigg?”, preguntó Bernie vacilante.
“Bueno, es el médico de la bandada, el doctor del cerebro.” (Risas.) “Vamos a tener que traer a Sigg para que te vea. Pero, Bernie, cuando el pájaro doctor del cerebro venga, como es muy sensible, no te equivoques y lo llames doctor cerebro de pájaro. (Risas.) ”Asegúrate de llamarlo pájaro doctor del cerebro. Ningún doctor quiere que le digan doctor cerebro de pájaro.” * (Risas)
“Papá, no importa lo que me diga el Dr. Sigg. Nadie puede convencerme de que el aire es real. No puedo verlo.”
Entonces ocurrió. Esa noche, tarde, mientras Bernie dormía, su madre se le acercó silenciosamente y lentamente empezó a roer el cordel que todavía usaba para estar a salvo. ¡Luego lo arrojó fuera del nido! Las cosas ocurrieron muy rápido. Él cayó y cayó ¡y fue una experiencia horrible! Estaba muy asustado. Estaba helado de miedo. Miró pasar la corteza del árbol a toda velocidad y vio que el suelo se le venía encima. Pensó para sí: “Tengo que extender las alas, pero no creo en el aire. No puedo creer en él porque no es real; no lo puedo ver. ¡No puedo hacerlo!”
Por supuesto, no extendió sus alas. Iba directo al suelo y supo que primero clavaría el pico y terminaría como un palo en el suelo... ¡con las piernas estiradas en el aire! Iba a terminar petrificado en el suelo, clavando el pico. ¡Nadie podría sacarlo y quedaría como una estatua de pájaro! (Risas) ¡Qué pesadilla fue ésa!
Jadeo, jadeo...
Por la mañana, Bernie se despertó como de costumbre. Como era de esperarse, estaba el pájaro doctor del cerebro. Sigg había llegado a horario.
“Buenos días, Bernie”, dijo Sigg.
“Buenos días, Sr. Cerebro de Pájaro Doctor.
“Es Pájaro Doctor del Cerebro” , dijo Sigg. “No lo olvides, hijo.”
“Muy bien, Dr. Cerebro de Pájaro”.
“¡Bernie!”, exclamó el médico.
“Lo siento, lo siento”, dijo Bernie... pero no lo sentía nada. (Los niños se ríen).
“Bernie, ¿a qué le tienes miedo?”, le preguntó sinceramente el médico.
Bernie comenzó su cantinela de nuevo. “No puedo creer en el aire. Tampoco lo puedo ver. Sé que todos ustedes están volando... flap, flap, flap. ....” Bernie estaba burlándose del vuelo. “¡Solo que eso no es bueno para mí porque yo tengo que verlo! Sr. Doctor Cerebro de Pájaro... señor.”
Sigg le frunció el ceño a Bernie nuevamente ante su deliberada falla al hablar. Bernie se estaba divirtiendo. Él sabía que al Dr. Sigg no le gustaba que lo llamasen Doctor Cerebro de Pájaro, sin embargo, cada vez que se dirigía a él, le decía “Doctor Cerebro de Pájaro, señor.” . Eso hacía que sonase mejor.
Sigg le dijo a Bernie: “Bernie, tienes miedo porque no puedes ver el aire. Pero ¿a qué le temes realmente?”
“Bueno, Doctor Cerebro de Pájaro, señor. Tengo miedo de caerme y matarme en el suelo, lo que parece sucede muy rápido cuando se caen los pájaros de sus nidos. ¡Tengo miedo!” Bernie pensó que era una pregunta estúpida y la respondió un poco estúpidamente también.
“¿Exactamente, qué es lo que hace que un pájaro se caiga?”, preguntó Sigg a su joven alumno.
“Bueno, eeh, supongo que es por la gravedad,” dijo Bernie.
“Hmmm. La Gravedad.” Sigg hizo una pausa.” Sabes, Bernie, uno no puede ver a la gravedad realmente, ¿no es cierto?”
“Bernie pensó un instante. “Bueno, no. No puedo ver la gravedad.”
“¿Pero crees en la gravedad, Bernie?" Muéstrame la gravedad.”
Bernie pensó, luego habló. “Bueno, no puedo mostrarle la gravedad. Si salto del nido, me caeré y me mataré. Ja, ja. Esa es la gravedad.” Bernie estaba orgulloso de haber contestado esa pregunta difícil.
“¡Eso es así, exactamente!”, dijo el doctor. “Puedes probar que existe en cuanto saltas del nido. Bernie, también puedes probar que al aire existe cuando saltas del nido porque está ahí igual que la gravedad. No puedes verlo, pero realmente está ahí.”
A Bernie no le gustó el giro que estaba tomando la conversación. Por otra parte, Sigg terminó la sesión de orientación y luego se fue... tomando vuelo mientras lo hacía. Pero en lugar de brincar hacia delante y salir volando, Sigg le gritó a Bernie mientras saltaba fuera del nido aparentando caer en picada.
“¡La gravedad, Bernie!”, gritó Sigg al caer hacia abajo en picada. “¡Aire, Bernie!”, dijo Sigg al enderezarse con las alas totalmente extendidas. Luego se alejó volando suavemente. Se podía escuchar al Doctor Cerebro de Pájaro cantando mientras se alejaba... “Ambos son invisibles... ambos son reales.”
Bernie se quedó quieto por un largo rato. Pensó y pensó. Finalmente, dijo: “Saben, el pájaro, doctor del cerebro tiene razón. Sólo porque no puedo verlo realmente no significa que no esté ahí. La gravedad siempre está allí. Quizá el aire también. En realidad, es a eso a lo que le tengo miedo. No lo sabré con certeza hasta que lo intente”.
“Sigg, el pájaro doctor del cerebro, le había indicado a Bernie que era interesante que hubiese algo que uno no pudiese ver, como la gravedad, pero que uno supiese que estaba ahí, ya que uno podía morir a consecuencia de la caída. Pero había señalado que Bernie no podía creer en algo que era maravilloso como volar usando aire invisible. ¡Bernie comprendió que en realidad le tenía miedo a la gravedad! Quizá el aire invisible fuese algo parecido a la gravedad invisible, pero ¿lo salvaría? Bernie decidió que volaría al día siguiente. Sería valiente y se lo contó a todos los pájaros del bosque y de los otros nidos. Les dijo a todos los pajaritos chicos que estaban mirando: “¡Voy a hacerlo!”
Al día siguiente, Bernie se paró en el borde del nido. Muchos se reunieron, ya que toda la población de los nidos conocía el problema de Bernie. Parecía que cada vez que el pájaro doctor del cerebro visitaba a algún pájaro, todo el grupo lo sabía. Esa es una historia para otra oportunidad.
Bernie se irguió. Otra vez les anunció a todos que era tiempo de confiar en esa cosa invisible llamada ¡AIRE! Habló durante un largo tiempo sobre la confianza y las cosas invisibles y luego, con gran coraje y ceremonia, ¡se lanzó al aire tenue y comenzó la zambullida desde el nido!
De inmediato, Bernie se encontró bamboleándose a nueve pulgadas del nido. ¡Se había olvidado de desatarse el cordel! (Risas) Bernie estaba muy avergonzado y humillado. ¡Todo el bosque se estaba riendo! Hasta los que no eran pájaros se estaban riendo. ¡Los ratones y las ardillas también! Podía escuchar al bosque resonando con las palabras: “¡El Pájaro caminador... el gran pájaro caminador!” Entonces Bernie supo que todo lo que había dicho se había difundido por todas partes. Tenía que arreglarlo.
Volvió a subir por el cordel, lo cortó, aspiró de nuevo esa cosa invisible llamada aire y miró alrededor. El bosque estaba quieto nuevamente. Como saben, los pájaros bebés no hacen eso por sí mismos. Lo normal es que sean sorprendidos mientras duermen y arrojados fuera cuando no se lo esperan. Nunca hacen eso por sí mismos. De alguna manera, los otros pájaros sabían que estaban viendo algo distinto. De alguna forma los adultos recordaron que era como la primera vez. Bernie, el volador renuente, fundador de la nueva raza llamada “Pájaro Caminador” estaba por volar por sí mismo fuera del nido... esta vez sin el cordel.
Y se fue abajo. El miedo se apoderó de Bernie mientras caía como plomada hacia el suelo. Este no era un sueño. ¡Esta vez era real! Mientras Bernie miraba cómo pasaba volando a su lado la corteza del árbol y el suelo se le venía encima a toda velocidad, escuchó una voz interna diciendo: ¡Las alas! ¡Extiende las alas!
“¡Estoy asustado! ¡Tengo miedo!”, gritó Bernie mentalmente. Luego, finalmente, tal como habían hecho su hermana y su hermano, en el último minuto desplegó esas alitas cortas y regordetas que nunca se habían usado y comenzó a agitarlas. Por cierto, ese sistema invisible de sostén llamado aire se encargó de lo demás. La magia del vuelo que había sido buena para su madre y padre y su hermana y hermano se apoderó de él. ¡Sintió la elevación y allá fue, hacia arriba!
Bernie no podía tener suficiente. Voló el día entero. Voló y voló. Voló lo más alto que pudo hasta que se le cansaron las alas y entonces celebró esa cosa que no veía y que todos llamaban AIRE. Se deslizó alrededor de los árboles y gritó: “¡Mire, estoy volando!” ¡Como si ningún otro pájaro hubiese volado antes! Todos ellos aplaudieron a Bernie, no porque estuviese volando, sino por el coraje del pájaro que lo había hecho por sí mismo.

Es una historia simple, ¿no es cierto? Es gracioso pensar en Bernie y su confianza en lo invisible. Ahora les vamos a decir lo que significa esto para todos ustedes. Algunos ya lo saben, ¿no es verdad? Pequeños, hay un ángel con ustedes ahora mismo. Hay un ángel que nació con ustedes y ustedes le pueden hablar cuando quieran. Es un ángel muy simpático y los ama. Tiene la mente de un niño e incluso sabe cómo piensan. Es un ángel al que le encanta jugar con los juguetes con los que juegan ustedes y que crecerá con ustedes a medida que crezcan. Es un ángel que siempre está disponible y puede ayudarlos en todo momento.
Ahora bien, alguno de ustedes puede decir: “¡Yo no veo ningún ángel!” Es porque es invisible, tal como el aire era invisible para Bernie. Podemos agregar que este ángel invisible los elevará, incluso cuando estén en problemas, incluso cuando estén apenados y las cosas no estén yendo bien. Este es el ángel que los sostiene con una energía invisible cuando están cayendo en la oscuridad al tener miedo. Queremos que recuerden esto porque este ángel niño estará con ustedes toda la vida. Es hermoso. Es invisible, pero al igual que Bernie descubrió, es muy, muy real.
Quizá quieran saber más sobre su ángel. ¡Sólo pregunten! Aunque ustedes no puedan ser capaces de verlo u oírlo como a una persona real, ¡la emoción del amor y la amistad del ángel será la cosa “real” que probará que está aquí!
¿Eres un adulto aquí? ¿Dónde fue el ángel niño? ¿Todavía está contigo o lo desechaste al crecer? ¿Se rió con la historia de Bernie? Quizá es tiempo de descubrirlo, porque nunca se fue. Es tuyo de por vida y te atrae para que salgas a jugar. En realidad, entonces éste es un cuento para los adultos, porque es el miedo que tiene el adulto, no el niño. Es el miedo de uno que no quiere dejar el nido del intelecto y la aparente realidad para volar a las alturas de ser niño de nuevo... de jugar otra vez y sentir la alegría de creer en lo invisible.
¡Y así es!

Kryon

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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