¿Que pasa con nuestra Autoestima? por Julia Rocha
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Una curiosidad en el tema de la autoestima es que, se cree que se sabe mucho de ella, pero en la vida diaria se vigila muy poco.
La terapeuta familiar Virginia Satir, dijo que es la olla que nadie cuida. Esto quiere decir que se pone en la lumbre (la vida) pero nadie se encarga de atenderla, como debe de ser con cualquier guiso de lento cocimiento que se pretende alcance niveles de excelsitud.
Así es como, en forma descuidada y a veces con agresiones de todo tipo se nos va formando una autoestima la mayoría de las veces baja, deformada y que ni siquiera alcanza niveles aceptables para funcionar en la sociedad.
Una persona con autoestima baja es aquella que presenta los siguientes síntomas:
- Dificultad para expresar sus sentimientos.- Por temor al rechazo.
- Inseguridad.- Dificultad para tomar decisiones.
- Comunicación deficiente.- Miedo a hablar
- Necesidad de aprobación.- Buscar desesperadamente el afecto de otros y que se lo manifiesten.
- Imagen distorsionada de sí mismo.- Percepción errónea de sí mismo y de lo que hablan o hacen los demás.
- Depresión y ansiedad.- Desgaste emocional por interacciones enfermizas.
Entonces lo que sucede con la autoestima baja es que la persona padece de enfermedades, deja proyectos inconclusos, tiene pensamientos negativos, sufre miedos absurdos, es accidentable y su vida en general parece una pendiente “cuesta arriba”.
Octavio Paz, en “El laberinto de la soledad” Santiago Ramírez, Erich Fromm y más recientemente Laura Esquivel en su libro “Malinche” han tratado el tema de la autoestima del mexicano y ésta última nos dice que en el inconsciente colectivo del mexicano está arraigada la semilla de un origen devaluado, una madre (Malinche) que traiciona y se prostituye y un padre (Cortez) que es un asesino y escoria de la sociedad española. De tales padres, tales hijos, con autoconcepto pobre, juzgados y declarados culpables y sin derecho a una vida digna, respetable y feliz.
Lo acabamos de ver reflejado en el fenómeno del futbol, donde nos olvidamos de la productividad laboral, las actividades comerciales, de las obligaciones escolares y hasta del tráfico, para depositar nuestras ilusiones en el equipo mexicanos, entonces, hacemos responsables de nuestra felicidad nacional a un escaso grupo de 11 personas.
En este claro caso de autoestima baja colectiva, no existe la objetividad, no hay capacidad para manejar la frustración y canalizamos toda nuestra ira en forma explícita sobre el director técnico, sus decisiones, el fallo de un árbitro o cualquier persona u objeto que se atraviese. Entonces sin ese mecanismo de defensa de la euforia, se ve claro el panorama de nuestro desencanto social, la pobreza, el narcotráfico y llega el sentimiento mexicano de viva mi desgracia.
En ese manejo del espejismo que se da al futbol, se deja totalmente de lado, que se trata de un juego, y que su objetivo no es brindarnos felicidad, sino entretenimiento.
Al mexicano se le da muy fácil ignorar que la felicidad es un sentimiento interno que depende de cada persona, sin importar lo que ocurra en su exterior.
Entonces no es un caso fácil, desembarazarnos de la imagen del indio ensombrerado y recostado en un nopal es un lastre que todavía estamos arrastrando. El manejo tiene que ser generacional y a paso lento. Por eso una idea para ir trascendiendo hacia una mejora de la autoestima es enfocarnos en nosotros para tener una mínima autoestima funcional y después en los niños y que ellos a su vez, trabajen en sus siguientes generaciones.
Para los adultos, estas son algunas ideas:
- Ten aprecio por ti.- Elógiate por lo que haces, por lo que eres y como vives tu vida.
- Ayúdate a desarrollar tus talentos y habilidades.
- No te compares con otras personas.
- Perdónate por el pasado. Lo hecho ya no tiene remedio.
- Empieza a fantasear con la persona que quieres ser. Y empieza a intentarlo.
Para los niños:
- Incúlcales la actitud optimista. Que esperen lo mejor de la vida.
- Dales amor incondicional. Si hacen algo incorrecto, no los etiquetes como malos o desobedientes. Separa el acto de la persona.
- Establece reglas razonables.
- Celebra sus logros positivos.
- Escúchalos sin juzgarlos.
- Enséñale que cada persona es valiosa, independientemente de cómo luzca, que coma, que marca viste, o que productos utilice.
Los resultados son a largo plazo, mas la recompensa es muy valiosa: seres humanos con capacidad para trabajar su frustración, orgullosos de sus logros, con un amplio espectro de emociones y sentimientos, con relaciones personales efectivas y satisfacción de su propia vida. Vale la pena el esfuerzo.
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