Dos Madres por Julia Rocha

En caso de que desees contactar a la autora de este artículo, puedes enviarle un email a: juliarocha@mejico.com

2madresEste título no pretende que suene como albur ni como juego de cartas. Lo que intento explicar es que con motivo del pasado día de las madres les voy a platicar dos curiosidades de las muchas que podemos platicar en relación a la condición de la mujer. Y como pasa cuando se cuentan dos noticias, hay una mala: vivir al límite  y una buena: la relación emocional sana madre-hijo favorece la socialización.

En la primera, les platico que en la universidad de Harvard, de la Ciudad de Boston (EEUU) han realizado estudios de la salud femenina y encontraron que para vivir al límite sólo se necesitan tres cosas: ser mujer, trabajar fuera de casa y tener hijos. Ellas lo saben y ahora, también, muchos de los científicos que están involucrados en el estudio y ahora tu también.

Para validar esta afirmación hicieron comparaciones de los niveles de las hormonas del estrés, entre hombres y mujeres que trabajan y entre mujeres que trabajan y que tienen o no descendencia.

A  ellas se les tomaron muestras de orina tres veces al día: por la mañana, durante la jornada laboral y antes de acostarse. Posteriormente, los científicos midieron los niveles de las hormonas del estrés, entre las que se incluyeron, cortisol, epinefrina y norepinefrina. Para completar el estudio, las participantes rellenaron un cuestionario con información demográfica, evaluación del estrés en casa y en el trabajo, y apoyo social.

Los resultados revelan que las mujeres con hijos excretan niveles altos de cortisol durante las 24 horas del día en comparación con las que no poseen descendencia. Otro de los datos del estudio es que el estrés de las madres que trabajan no aumenta si en lugar de un sólo hijo se tienen más.

La razón de estos niveles altos de cortisol es que muchas de las madres con trabajos externos llegan a casa por las tardes y tienen que seguir trabajando, dedicando tiempo a sus hijos, a la organización de la casa y a sus maridos. Esta demanda provoca que el estrés continúe y que ellas acaben exhaustas. Para muchas de ellas, la tarde es el momento más estresante del día.

El costo físico de mantener durante todo el día niveles elevados de las hormonas del estrés va desde dolores de cabeza, problemas intestinales, hasta un mayor riesgo de padecer del corazón y una caída en las defensas del sistema inmunológico. El costo psíquico: más incidencia de depresión, ansiedad y fatiga.

A las madres que trabajan fuera de casa no les están diciendo nada nuevo, lo que si es necesario añadir es que a los grupos de hombres y mujeres que no tienen hijos, al salir de trabajar, los niveles de estrés, disminuyen, en cambio a las mujeres que trabajan y que tienen hijos, los niveles se mantienen. Aquí me parece que aún sigue faltando algo en el estudio, ya que si para los trabajadores altamente estresados o “quemados” ya existe el síndrome de bournout, ¿Por qué no se ha acuñado el término para este caso de las madres?

Y para no dejar mal sabor de boca, ahora vamos con la buena: Los niños que tienen una relación fuerte con su madre durante los años preescolares, tienden a formar vínculos de amistad más íntimos, según un nuevo estudio.

“En una relación madre hijo segura y abierta emocionalmente, los niños desarrollan una comprensión del otro más positiva, menos parcializada, lo que luego promueve unas amistades más positivas durante los primeros años escolares”, dice Nancy McElwain, investigadora de la Universidad de Illinois.

Esto es algo que ya conocían los científicos, que el vínculo con la madre resultaba en una mejora en la calidad de las amistades, pero todavía no se había comprendido del todo la razón.

McElwain y colegas estudiaron los datos del Centro Nacional de salud infantil de Estados Unidos, donde analizaron a 1071 niños. Los datos procedieron tanto de entrevistas que se les hicieron a las madres y a maestros durante diferentes etapas en la vida de los niños, como también por observación de algunos de los niños.

Los niños que se mostraban apegados a la madre a la edad de tres años, mostraban una comunicación emocional más abierta con la madre y una mejor habilidad lingüística a los cuatro. Esa comunicación emocional brinda esperanzas halagüeñas para el manejo de la hostilidad en los años de primaria y los lazos de amistad con los compañeros se conservan en la conducta del niño.

El estudio no lo menciona, ya que los reportes científicos suelen ser muy escuetos y enfocados al punto central pero a mí en lo personal me está dando una explicación de uno de los factores del aumento del bullyng, y como parte positiva, la forma ideal para combatirlo (bullyng es la agresión al niño más vulnerable entre compañeros escolares y se puede definir como “bravuconería”).

Así que madres, en un respirito que les dé el estrés, es recomendable enfocarse a que sus preescolares hablen de sus emociones en forma abierta y sin recibir reprimendas. Tanto las positivas como las malllamadas negativas. Y por supuesto que esta es una labor familiar, en donde la intervención paterna puede ser muy bien recibida.

¿Quiere un hijo amiguero y con buen manejo de inteligencia emocional? Ya tiene la receta.

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