Extracto del Libro – El Silencio Habla de Eckart Tolle
La mayoría de la gente se pasa la vida aprisionada en los confines de sus propios pensamientos.
Nunca van más allá de un sentido de identidad estrecho y personalizado, fabricado por la mente
y condicionado por el pasado.
En ti, como en cada ser humano, hay una dimensión de conciencia mucho más profunda que el pensamiento.
Es la esencia misma de tu ser. Podemos llamarla presencia, alerta, conciencia incondicionada.
En las antiguas enseñanzas, es el Cristo interno, o tu naturaleza de Buda.
Hallar esa dimensión te libera, y libera al mundo del sufrimiento que te causas a ti mismo y a los demás
cuando sólo conoces el «pequeño yo» fabricado por la mente, que es quien dirige tu vida. El amor,
la alegría, la expansión creativa y una paz interna duradera sólo pueden entrar en tu vida a través de
esa dimensión de conciencia incondicionada.
Si puedes reconocer, aunque sea de vez en cuando, que los pensamientos que pasan por tu mente
son simples pensamientos, si puedes ser testigo de tus hábitos mentales y emocionales reactivos
cuando se producen, entonces esa dimensión ya está emergiendo en ti como la conciencia en la
que ocurren los pensamientos y emociones: el espacio interno intemporal donde se despliegan
los contenidos de tu vida.
La corriente de pensamientos tiene una enorme inercia que puede arrastrarte fácilmente.
Cada pensamiento pretende tener una gran importancia. Quiere captar toda tu atención.
Qué fácilmente se queda atrapada la gente en sus prisiones conceptuales.
La mente humana, en su deseo de conocer, entender y controlar, confunde sus opiniones y puntos
de vista con la verdad.
Dice: así son las cosas. Tienes que ser más amplio que el pensamiento para darte cuenta de que
tu manera de interpretar «tu vida», o la vida o conducta de otra persona, cualquier manera que tengas
de juzgar una situación, no es más que un punto de vista, una de las muchas perspectivas posibles.
La mente pensante es una herramienta útil y poderosa, pero también muy limitante cuando se adueña
completamente de tu vida, cuando no te das cuenta de que sólo es un pequeño aspecto de la conciencia que eres.
La sabiduría no es un producto del pensamiento. El conocer profundo, que es la sabiduría, surge
en el simple acto de prestar toda tu atención. La atención es la inteligencia primordial, la conciencia misma.
Disuelve las barreras creadas por el pensamiento conceptual, lo que nos permite reconocer que nada
existe en y por sí mismo.
Une el perceptor con lo percibido en un campo de conciencia unificado. La sabiduría cura la separación.
Cuando estás inmerso en el pensamiento compulsivo, estás evitando lo que es. No quieres estar donde estás.
Aquí, Ahora.
Los dogmas —religiosos, políticos, científicos— surgen de la creencia errónea de que el pensamiento puede
contener y encerrar la realidad o la verdad. Los dogmas son prisiones conceptuales colectivas. Y lo extraño es
que la gente ama la celda de su prisión porque le da sensación de seguridad, una falsa sensación de «yo sé».
Nada ha causado más sufrimiento a la humanidad que sus dogmas. Es cierto que cada dogma se viene abajo
antes o después, porque su falsedad acaba siendo revelada por la realidad; sin embargo, a menos que el
error básico sea visto tal como es, el dogma será reemplazado por otros.
¿Cuál es el error básico? La identificación con el pensamiento.
El despertar espiritual es el despertar del sueño del pensamiento.
El reino de la conciencia es mucho más vasto de lo que el pensamiento puede entender.
Cuando dejas de creerte todo lo que piensas, sales del pensamiento y ves con claridad que
el pensador no es quien tú eres.
La mente existe en un estado de «nunca tener suficiente», por lo que siempre ambiciona más.
Cuando te identificas con la mente, te aburres y te inquietas fácilmente. El aburrimiento significa que la
mente tiene hambre de nuevos estímulos, de más alimento para el pensamiento, y que su hambre no
está siendo satisfecha. Cuando estás aburrido, puedes satisfacer el «hambre mental» leyendo una revista,
haciendo una llamada telefónica, poniendo la tele, navegando en Internet, yéndote de compras o —y esto
es bastante común— transfiriendo al cuerpo la sensación mental de carencia y la necesidad de querer siempre
algo más, y satisfaciéndolas brevemente ingiriendo más comida.
O puedes sentirte aburrido e inquieto y observar la sensación de estar aburrido e inquieto.
A medida que vayas dándote cuenta de estas sensaciones, empezará a surgir algún espacio y
quietud en torno a ellas.
Al principio sólo habrá un poco, pero, conforme crezca la sensación de espacio interno, el aburrimiento
empezará a disminuir en intensidad y significado. De modo que incluso el aburrimiento te puede enseñar
quién eres y quién no eres.
Descubres que ser «una persona aburrida» no es tu identidad esencial. El aburrimiento, simplemente,
es un movimiento interno de la energía condicionada. Tampoco eres una persona enfadada, triste o temerosa.
El aburrimiento, el enfado, la tristeza o el miedo no son «tuyos», no son personales.
Son estados de la mente humana. Vienen y van.
Nada de lo que viene y va eres tú. «Estoy aburrido»; ¿quién sabe esto?
«Estoy enfadado, triste, atemorizado»; ¿quién lo sabe?
Tú eres el conocimiento, no el estado conocido.
Los prejuicios de todo tipo implican que te estas identificado con la mente pensante.
Significan que ya no ves al otro ser humano, sino únicamente tu propio concepto de ese ser humano.
Reducir la riqueza de vida de otro ser humano a un concepto es en sí mismo, una forma de violencia.
El pensamiento que no está enraizado en la auto-conciencia se sirve a sí mismo y es disfuncional.
El ingenio exento de sabiduría es extremadamente peligroso y destructivo. Constituye el estado habitual de la
mayor parte de la humanidad. La expansión del pensamiento por vías científicas y tecnológicas, aunque no es
intrínsecamente bueno ni malo, también se ha vuelto destructivo, porque muy a menudo el proceso mental
del que surge no hunde sus raíces en la conciencia.
El paso siguiente en la evolución humana es trascender el pensamiento. Actualmente es nuestra tarea más urgente.
Esto no implica dejar de pensar, sino dejar de identificarse completamente con el pensamiento,
dejar de estar poseídos por el pensamiento.
Siente la energía de tu cuerpo interno. El ruido mental se serena y cesa inmediatamente.
Siéntela en tus manos, en tus pies, en tu abdomen, en tu pecho. Siente la vida que eres, la vida que anima el cuerpo.
Entonces el cuerpo se convierte en una puerta, por así decirlo, hacia una sensación de vida más profunda que
subyace a las fluctuantes emociones y al pensamiento.
Hay una riqueza de vida en ti que puedes sentir con todo tu Ser, no sólo con la cabeza.
En esa presencia en la que no necesitas pensar, cada célula está viva. Sin embargo, en ese estado, el pensamiento
puede activarse si se le necesita para alguna finalidad práctica. La mente puede seguir operando,y opera
perfectamente cuando la inteligencia mayor que eres la usa y se expresa a través de ella.
Quizá te haya pasado inadvertido que esos breves periodos en los que «eres consciente sin pensamiento»
ya ocurren natural y espontáneamente en tu vida. Puedes estar realizando alguna actividad manual,
o paseando por la habitación, o esperando en el mostrador de la aerolínea, y estar tan completamente presente
que el ruido mental de fondo se disipa y es reemplazado por la presencia consciente.
También puedes estar mirando al cielo o escuchando a alguien sin que surja ningún comentario interno.
Tus percepciones se vuelven claras como el cristal, no están empañadas por el pensamiento.
Para la mente, todo esto no es significativo, porque tiene cosas «más importantes» en que pensar.
Además, no es memorable, y por eso te ha pasado inadvertido.Lo cierto es que es lo más significativo
que puede ocurrirte. Es el principio de un cambio desde el pensamiento hacia la presencia consciente.
Siéntete cómodo en el estado de “no saber”. Este estado te lleva más allá de la mente, porque
la mente siempre está intentando concluir e interpretar. Tiene miedo de no saber. Por eso, cuando
puedes sentirte cómodo en el no saber, ya has ido más allá de la mente. De ese estado surge un
conocimiento más profundo que es no-conceptual.
Creación artística, deporte, danza, enseñanza, terapia: la maestría en cualquier disciplina implica que la
mente pensante o bien ya no participa, o se ha quedado en un discreto segundo plano. Un poder y
una inteligencia mayores que tú, aunque en esencia son uno contigo, toman el mando. Ya no hay proceso
de toma de decisiones; la acción justa surge espontáneamente, y «tú» no la estás haciendo. La maestría
de la vida es lo opuesto del control.
Te alineas con la conciencia mayor. Ella actúa, habla y hace los trabajos.
Un momento de peligro puede producir el cese temporal de la corriente de pensamientos,
permitiéndote degustar lo que significa estar presente, alerta, consciente.
La Verdad es mucho más omni abarcante de lo que la mente podrá comprender jamás.
Ningún pensamiento puede encerrar y contener la Verdad. En el mejor de los casos, puede indicarla.
Por ejemplo, puede decir: «Todas las cosas son intrínsecamente una.» Eso es una indicación, no una explicación.
Comprender estas palabras significa sentir profundamente dentro de ti la verdad hacia la que apuntan.
El Silencio Habla
Título Original: “Stillness Speaks”
2003, Eckhart Tolle
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De Antemano
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Comentarios (2)






Amen Nelson
El silencio gran aliado del encuentro conciente nos conduce a la esencia de lo que realmente somos en ausencia de las autopercepciones propias del entorno condicionante que nos haya tocado vivir. Màs allà del pensar en Quien Soy se encuentra el observar desvestido del ropaje cultural que conforman al ser condicionado. La buena noticia es darse cuenta que en el laberinto construido por el ser social hay salida hacia el encuentro con lo que realmente somos en sintonìa perfecta con el universo del cual formamos parte.