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ADICCIONES, LAS DOS CARAS DEL ETERNO INFANTE
Author: admin

Octubre 17, 2009

LAS DOS CARAS DEL ETERNO INFANTE

La sustancia psicoactiva de la que el adicto depende, va a mostrar que la persona tiene dos caras. Por norma general una oculta a la otra, es decir: una es una máscara y la otra es real. Si el adicto se muestra débil, lo más seguro es que sea más fuerte. Lo mismo sucede con la seguridad, la ternura, la confianza. En el fondo seguramente encontraremos todo lo contrario. Estas dos caras no las puede ver tan fácilmente el adicto, aún y cuando no esté intoxicado. Con el fin de protegerse de los demás y proteger su droga, el adicto va a crearse un personaje, una máscara que va a mostrar a los demás, y que generalmente encubre exactamente lo contrario de lo que aparenta. Con ejemplos se va a entender todo esto:

Primer Personaje: EL (LA) POPULAR

Cara 1 (falsa): Si soy agradable, atractivo, magnético y la crema de las fiestas, todo el mundo va a querer ser mi amigo(a).

Cara 2 (verdadera): Realmente no soy atractivo, más bien feo (o fea). Es muy cansado estarle sonriendo a todo el mundo. Al final se van a dar cuenta de todo.

 

Segundo Personaje: EL (LA) AUTORITARIO(A)

Cara 1 (falsa): Si me obedecen ciegamente y se dejan guiar por mí, yo les voy a enseñar como enfrentar y solucionar problemas.

Cara 2 (verdadera): Realmente no sé mandar ni obedecer. Tampoco me gusta hacer ninguno de esos papeles. Pero prefiero que me obedezcan, que cumplan mis deseos, sobre todo cuando se trata de que me consigan alcohol o cualquier droga. Me enojo fácilmente si no lo hacen.

Tercer Personaje: EL (LA) AMANTE IDEAL

Cara 1 (falsa): Nadie se me resiste. La gente del sexo opuesto está irremediablemente condenada a admirarme y desearme. Gran parte de mi atractivo consiste en que no los (las) respeto y eso les gusta. Si les preguntan, dirán que como hombre (mujer), soy lo máximo.

Cara 2 (verdadera): La verdad es que soy inseguro(a) con los demás, además de que soy incapaz de mantener una relación duradera y estable. A medida que pasa el tiempo, mi vida sexual se vuelve tediosa y nada gratificante tanto para mí como para mis(s) pareja(s).

Cuarto Personaje: EL (LA) REBELDE SIN CAUSA

Cara 1 (falsa): Siempre me gusta hacer las cosas a mi manera, no me agrada oír consejos de nadie. Las reglas fueron hechas para los demás, no para mí que soy tan diferente. Que a nadie se le ocurra decirme lo que no debo hacer porque eso me ofende y provoca que finalmente lo haga a pesar de que esté prohibido.
Cara 2 (verdadera): Todo lo que me interesa es ser el centro de atracción de los demás. Necesito que la gente me acepte y creo que solamente enojándose conmigo, me toman en cuenta.

Quinto Personaje: LA VÍCTIMA

Cara 1 (falsa): Me intoxico con alcohol o drogas porque de niño(a) me trataron mal. Mi vida ha estado llena de sufrimientos y congojas. Nadie me ha comprendido. Pobre de mí. Si muestras que tienen pena por mí, es que realmente me quieres.

Cara 2 (verdadera): La realidad es que confundo amor y pena y prefiero sufrir para que los demás traten de salvarme, a esforzarme en amar a alguien. Además casi todo el mundo muerde el anzuelo cuando ven a alguien que ha sufrido tanto y llegan a comprender los “verdaderos” motivos de mi adicción.

 

Sexto Personaje: EL (LA) PERFECCIONISTA

Cara 1 (falsa): No cometo errores, soy un (una) excelente hijo(a), hermano(a), padre (madre), trabajador(a). Mi vida es ejemplar. La gente, mi familia, deberían fijarse en mí e imitarme. En todo lo que hago, soy el (la) mejor. De eso no hay duda.

Cara 2 (verdadera): Mi imperfección es tan grande y tan notoria que no quiero que nadie se dé cuenta. No soporto que nadie me gane ni que mi familia o que mi pareja quieran a otros (otras) más que a mí.

 

 

 

 

Séptimo Personaje: EL (LA) SIEMPRE FELIZ

Cara 1 (falsa): Como todo me sale bien en esta vida, en las reuniones o fiestas, a todo mundo divierto. Siempre soy el alma de los convivios. Siempre me invitan para que les levante el ánimo a todos. Todo mundo me quiere y admiran mi buen humor.

Cara 2 (verdadera): Siempre estoy esforzándome por aparentar que estoy libre de tensiones y depresiones profundas. No me agrada que me vean triste. Tengo miedo de que me rechacen. Aunque todo esto me cuesta mucho esfuerzo y me cansa. En realidad soy muy pesimista.

 

Octavo Personaje: EL (LA) DEMANDANTE

Cara 1 (falsa): A veces de manera muy clara y explícita, usando mis propias palabras pero también con gestos obligo a la gente a que satisfaga alguna de mis necesidades. Muchas veces son cosas triviales o irrelevantes, pero yo quiero que me complazcan. Si no lo hacen es prueba de que no me quieren.
Cara 2 (verdadera): En realidad, las cosas que hace la gente por mí o para mí, me satisfacen poco o casi nada porque no son NECESIDADES, son puras demandas irracionales cuyo único objetivo es tener a las personas cerca de mí, no me gusta sentirme solo(a).

“Surge de ahí un círculo vicioso sin fin que obliga a pagar
un precio muy alto y por partida doble…”

 

 

 

 

 

 

COSTOSO ESPECTÁCULO DE LAS CARETAS

Tarde o temprano, según el caso, la gente que rodea al alcohólico o al adicto se da cuenta del juego de las representaciones y termina por no prestarle atención; por no dejarse manipular; por rehuirle para no involucrarse. Si ama a la persona enferma, quizá se quedará a su lado, y aunque su afecto está bien cimentado muy a menudo termina por apartarse o cuando menos, por reducir su relación al mínimo. Muchos adictos a las drogas, y otros tantos alcohólicos afirman que el principal motivo u origen de su problema es o fue la soledad. Hay que ser cuidadosos con esta afirmación. La verdad es que ellos (ellas) mismos (mismas) la provocaron empujando a la gente a alejarse. Esta soledad también les sirvió en muchísimas ocasiones como una excusa excelente para intoxicarse. Pero hay un momento en que el alcohólico o el adicto a las drogas sienten el rechazo o el abandono de sus seres queridos o de los que le rodean. Esto produce frustración, tristeza, enojo, resentimiento y constituye además una excusa magnífica para beber o drogarse. Surge de ahí un círculo vicioso sin fin que obliga a pagar un precio muy alto y por partida doble; las drogas o el alcohol alejan a las personas queridas, y su lejanía constituye una excusa para seguir en la dependencia del alcohol o las drogas.

“Al cerrarse el círculo, las consecuencias
pueden ser fatales”

LA COMBINACIÓN EXPLOSIVA Y MORTAL

La soledad tramposa en que el alcohólico y el adicto se encierran, los va a privar de la calidez y la ternura de sus seres queridos que prefieren abstenerse de expresar sus nobles sentimientos y se vuelven fríos o distantes. El eterno infante necesita verdaderamente estos afectos básicos y va a proceder a buscarlos por otros lados, con otra gente pero con idénticos resultados. La sensación de placer, confort y alivio de su soledad los encontrará en el alcohol o en las drogas, cualesquiera que éstas sean. Con el tiempo, este sentimiento de abandono, más la sustancia que ingresa al organismo resultarán en una combinación satisfactoria para el eterno infante que recurrirá con frecuencia a la fórmula mágica que le llenará el vacío interior que lo atormenta. Al cerrarse el círculo, las consecuencias pueden ser fatales.

“…La negación es un camino que se bifurca en dos:
uno de ellos conduce al deterioro de la vida mental
el otro, breve y doloroso, hacia la muerte”

 

 

 

AQUÍ NO PASA NADA

El bebé, hasta casi los 4 años de edad, no tiene problemas. Los padres se los resuelven y hasta adivinan los que podrían presentársele. Esto es un hecho real y necesario hasta cierto momento. Pero nuestro eterno infante que ya creció físicamente, pero que se intoxica con frecuencia ya sea con alcohol, mariguana, cocaína, sedantes, etc., también se va a comportar de igual manera. Sus problemas no existen, la gente tiene la obligación de velar por él (ella) y de arreglarle sus conflictos y solucionarle las tareas u obligaciones que le corresponden, o aquellas que se echó a cuestas por sentirse poderoso y muy capaz. Así, de manera insidiosa, va desarrollándose la NEGACIÓN. Este fenómeno tan conocido de la NEGACIÓN se refiere a que la persona no acepta ni se quiere dar cuenta de los efectos que produce su adicción al alcohol o a las drogas, tanto a sí mismo como a los que lo rodean. ¡Y vaya que sí hay efectos desastrosos! Mencionemos los daños al organismo, la confusión de los sentimientos, la preocupación de la familia, la pérdida de amistades o de trabajos, el irremediable deterioro del sistema de valores, etc., etc. Para que un alcohólico o un adicto a las drogas acepte que tiene un problema grave (o muchos) que puede conducirlo a una locura y a la muerte, tendrá que abstenerse de la sustancia que le sirve para intoxicarse y eso es muy difícil, aunque no imposible. Otra parte de la NEGACIÓN es el rechazo a aceptar que necesita ayuda para lograr la abstinencia que el individuo por sí mismo, no va a lograr (la famosa fuerza de voluntad, el “yo puedo solo”, son parte de la negación). Aunque intente separarse de la sustancia tóxica y controlar su compulsivo deseo por el alcohol o las drogas, éste es siempre más fuerte que los buenos deseos o las promesas. ¿Cuántas veces es necesario que el padre o la madre le digan al niño pequeño lo que no está bien que haga? ¿Cuántas veces será necesario decirle al alcohólico o al adicto que no está bien lo que hace o que lo que hace tiene consecuencias negativas? Tanto en el primer caso como en el segundo, la respuesta es: muchas, muchísimas veces, hasta que el cansancio gane y aún así, más veces. Lo complejo de la negación es que echa raíces tan profundas en la personalidad que la persona adicta no presta atención ni a los hechos ni a las palabras que le señalan que tiene problemas. La necesidad de alcohol o drogas es tan fuerte que acalla cualquier otra necesidad personal o cualquier voz ajena que reclame un mejor trato. Recordemos al niño, si no se le satisfacen sus necesidades más apremiantes (hambre, sed, sueño), va a reaccionar con llanto, gritos o violentándose. Además, no aceptará sustitutos o mentiras. No es fácil engañarlo. Nuestro eterno infante va a reaccionar igual, pero con mayor intensidad. El punto extremo de esta reacción emocional es el negarse a aceptar que su necesidad puede satisfacerse con otras cosas, con personas, y no con sustancias que lo intoxican. El punto extremo es la NEGACIÓN, final de un camino que se bifurca en dos: uno de ellos conduce al deterioro de la vida mental (locura) y el otro, breve y doloroso, hacia la muerte.

“…El torbellino sin fin de esta enfermedad
que no tiene fondo”
 

 

EL TORTUOSO CAMINO DE REGRESO

A medida que pasa el tiempo y que las intoxicaciones aumentan en frecuencia y en intensidad, la persona adicta al alcohol o a las drogas, va a “involucionar”, es decir, va a comportarse, cada vez más, como adolescente o como niño, según sea el caso. Su mente emprenderá un camino hacia el pasado, hacia la vida infantil, aunque su cuerpo y su necesidad de intoxicarse siguen creciendo (es lo único que realmente evoluciona). No es posible que haya crecimiento o enriquecimiento de la personalidad si hay de por medio abuso o dependencia de alcohol o drogas. Decimos que sucede lo contrario a las leyes naturales del desarrollo humano. Este camino de regreso en algunos casos ya no ofrece otra salida más que la de la destrucción total de la persona adicta. El tiempo que va a tomar recorrerlo es desconocido. A algunas personas les toma algunos meses y a otras, muchos años. Por desgracia no es un camino que se recorre solo (ya que el eterno infante al igual que el niño no soportan la soledad) sino que se acompaña de personas queridas, cercanas, interesadas en salvarlo y que por estar emprendiendo esta lucha titánica de rescate se olvidan de sí mismos sumergiéndose en el torbellino sin fin de esta enfermedad que no tiene fondo.

“Pero hace falta el auto-conocimiento”.

LOS OBSTÁCULOS

Mientras no se renuncie por completo al alcohol o a las drogas, no hay razón para esperar cambios duraderos. No basta con que el alcohólico o el adicto cambien su manera de comportarse: si lo único que han conseguido es intoxicarse un poco menos, o lo hacen ya sólo de vez en cuando, el problema sigue siendo el mismo. Mientras no abandonen totalmente la sustancia de la que dependen no puede haber esperanzas reales de cambio. Esta es una realidad que tiene que aceptarse y de ahí que el paso más inmediato sea acudir a los grupos de autoayuda, cuya asistencia constante permite compartir la carga y encontrar soluciones para el diario vivir. Pero hace falta el auto-conocimiento…el revelar y exponer a la clara luz del día los conflictos que condujeron a las intoxicaciones no hace que las dificultades desaparezcan por arte de magia. Cada persona tiene que descubrirlas por sí misma, en su interior, identificarlas y darles una jerarquía que le permita luchar con ellas una a una. Si antes del período de abuso del alcohol o de las drogas existían problemas personas e interpersonales, éstos crecieron, se magnificaron. Si no existían, aparecieron y sirvieron de justificación o excusa para seguir intoxicándose. En cualquiera de las dos situaciones, hay que aclararlos, enfrentarlos y oponerles armas sencillas pero efectivas para desbaratarlos, o al menos, para controlarlos. El problema central será la inmadurez, pero nunca viene sola. A través del tiempo se enredó con otros problemas y conflictos convirtiendo a la persona adicta en una maraña de complicaciones que parecen no tener pies ni cabeza. Realmente, la inmadurez tiene muchas caras. Cada persona tiene que descubrirlas en sí mismo, identificarlas y jerarquizarlas para poder irlas trabajando. La omnipotencia, los resentimientos, la ansiedad excesiva, la confusión de los sentimientos, la poca tolerancia a la frustración, el falso orgullo, la desconfianza, la inseguridad, la capacidad de evadir los problemas, son sólo algunas de las caras de la inmadurez. Cada persona puede y debe identificar las propias, las suyas. Cada persona es diferente y los conflictos asociados a su adicción también son diferentes.

 

“Este triángulo es como una barca de salvación
en donde protegerse o asirse cuando
l a tempestad arrecia”

EL TRIÁNGULO PERFECTO

Abandonar la sustancia (alcohol, drogas), asistir a los grupos como Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos y auto conocerse, son los puntos básicos, las armas elementales y necesarias para encerrar al eterno infante en un lugar en el que no dé tantos problemas (en lo más recóndito del alma) y así facilitar el crecimiento al que nos empuja la vida. Si algún adicto al alcohol o las drogas no completa las 3 fases de este movimiento hacia la supervivencia, lo más probable es que no crezca. Se puede trazar uno solo de los ángulos y el resultado será siempre insatisfactorio. Hay gente que cree que el puro auto-conocimiento va a salvarlo (este es un tipo de persona que se cree un dios) o que el solo hecho de dejar de beber o de drogarse le va a permitir manejar su vida. También existe el que deja de usar su sustancia tóxica favorita, asiste a los grupos de auto-ayuda pero no le interesa conocer su alma. ¿Qué puede pasar si no se completa el triángulo? La respuesta es sencilla: la persona sigue deseando intoxicarse y por desgracia, lo hará nuevamente tan pronto como haya un problema que no pueda enfrentar o tolerar. Si realmente se quiere mejorar, vivir una vida más tranquila y crecer en serio, es necesario completar el triángulo, cerrarlo, repasarlo día con día, sin treguas. Para esto de las adicciones, no existe descanso ni excusa alguna. La compulsión, la necesidad imperiosa de volver a beber, a fumar mariguana, a inyectarse cocaína o a tomar o a inhalar cualquier otra sustancia psicoactiva, es enorme, tiene el ímpetu y la fuerza del mar embravecido y no es nada fácil detenerlo. Este triángulo es como una barca de salvación en donde protegerse o asirse cuando la tempestad arrecia. Una de las tres caras del ángulo es el que hoy ocupa: el conocerse a sí mismo. La tarea tiene que ser constante, volverse un hábito, practicarlo todos los días, desde que amanece. En este lado del crecimiento existen personas capacitadas que pueden ayudar (sacerdotes, consejeros, psicoterapeutas, psiquíatras, etc.) señalando las caras de la inmadurez. En los grupos de auto-ayuda existen los padrinos.

“Siempre habrá una mano abierta y
tendida muy cerca”

 

 

LA BUENA COMPAÑIA

Resumiendo: hay varias maneras de crecer, varios métodos. Hasta aquí hemos mencionado tres muy concretos, cada uno de los cuales implica un esfuerzo no mayor que el deseo de vivir bien. Si se decide a recorrer el arduo camino de regreso hacia la madurez -camino que no se recorre solo-, no olvide que este proceso estará lleno también de compañías cálidas, afectuosas y comprensivas. El alcohólico o el adicto que quieren dejar de serlo no están solos. Siempre encontrarán a su lado a un familiar o a un amigo capaces de entender el problema porque también sufren, un Poder Superior que protege, que ama al hijo descarriado y lo perdona. En fin, que el crecimiento, que es una obligación de cualquier ser vivo, es posible, no es una ilusión o una tarea que requiera esfuerzos sobrehumanos. Para el que quiere crecer, siempre habrá una mano abierta y tendida muy cerca del remolino de la enfermedad y pisando tierra firme. Es sólo cuestión de pedir ayuda. Lo demás, poco a poco, irá apareciendo.